Como las drogas que no son drogas, sino que producen un efecto placebo, la televisión genera sensaciones en las personas que la ven, que se parecen a las de la vida real, pero no lo son.
Entretenimiento. La televisión fue mutando a través del tiempo. Los noticieros, encargados de informar audiovisualmente, entretienen. No informan.
Discutir si la audiencia ve lo que el canal emite o si el canal emite lo que la gente quiere consumir, es casi como la discusión del huevo y la gallina. Y digo casi porque en el primer caso puede haber opiniones, en el segundo sólo pruebas.
La gente mira, porque no tiene otra cosa que hacer. El show le gano a la calidad en todos los sentidos, incluso en el deporte. Sobre todo en el deporte. Y el show se volvió mediocre, de a poco, pero casi de repente. Se pobló la pantalla chica de personajes que no tienen motivo, argumentos y/o cualidades para estar ahí. Y son estrellas. Y la gente lo consume. Y habla de ello como antes hablaba de otras cosas. Le importa. O no. Pero habla. Todos hablan. Todos miran. O no. Costumbres argentinas de ver lo que otros hacen y criticar, y opinar, y no hacer, pero saber. Lunes por la madrugada, prendo el televisor y no veo nada. Mañana termina la novela, ¿que voy a hacer? Por suerte empieza otra, sino que sería de mí.

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