La paranoia de medio Oriente enfrenta a un importante actor político y a una viuda que sólo quiere sobrevivir en las tierras que heredó de su padre. El servicio secreto, el lamentable muro, el terrorismo, una plantación de limoneros, cuestiones de Estado.
Por Juan I. Muela
Título original: Etz Limon/Lemon Tree Género: Drama País y año: Israel/Alemania/Francia; 2008 Dirección: Eran Riklis Actúan: Hiam Abbas, Ali Suliman, Doron Tavory, Rona Lipaz-Micahel Duración: 106 minutos
La historia, que transcurre en la frontera Palestina Israelí, comienza cuando el Ministro de Defensa Israelí se muda frente a la casa de Salma Zidane (Hiam Abbas), propietaria de los limoneros. Separados por un simple camino de tierra que marca la frontera entre dos pueblos enemistados hace más de 3.000 años, el servicio secreto israelí instala todas las medidas de seguridad posibles, incluyendo cámaras, torres de control, soldados, etc; pero se encuentra con un problema: los limoneros pueden servir de escondite para terroristas desde donde pueden atacar si ser divisados.
Ante la arremetida legal del Ejército israelí, Salma debe recurrir a la ayuda del abogado palestino Ziad Daud ( Ali Suliman), quien lleva el caso por todas las instancias judiciales hasta llegar al Tribunal Supremo israelí. Cuando Mira Navon (Rona Lipaz-Michael), esposa del Ministro, habla con su amiga y periodista Tamar Gera (Smadar Yaaron) quien publica sus opiniones en un importante periódico llevando la disputa a la prensa internacional.
Galardona por el público en el Festival de Berlín en 2008, la película no sólo pone de relieve las realidades de un conflicto sin solución a la vista, también nos muestra las diferencias y similitudes de dos culturas unidas por la tierra, pero separadas por la ideología. La excelente actuación de la protagonista, reconocida como mejor actriz por la Academia de Cien Israelí y por el Festival Internacional de Cine de Edimburgo, pone el broche de oro a una película para ver.

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