17.4.13

Políticas o políticos, esa es la diferencia


En la argentina de hoy, los votantes, al menos muchos de ellos, se dejan influenciar fácilmente por los medios masivos de comunicación. Pero aquí, lo fundamental, es que se tomen el tiempo necesario de leer la realidad, de informarse, y de votar. No ir al cuarto oscuro, meter un papelito en el sobre y que sellen el DNI, hablamos de votar.
Un pequeño repaso
Durante mucho tiempo la Argentina se dividió entre radicales y peronistas y si bien este no es lo correcto, estaba socialmente aceptado ya que eran las dos grandes fuerzas políticas de los últimos 50 años. Ahora bien, al llegar el desinterés social por la política con la fiesta privada de los ’90 seguido de la crisis del 2001, nuestro país se encontró con un nuevo dilema: la política ha muerto, que se vayan todos.
Luego de un breve período donde asumieron y desertaron cuatro presidentes, llega al poder el gran perdedor de las elecciones de 1999: Eduardo Duhalde. Las políticas aplicadas fueron crudas, como un electroshock al corazón que dejó de funcionar. Lastimaron las zonas más débiles, pero le dieron una chance de recuperarse a los sectores más fuertes de la economía. Hizo lo que había que hacer para resucitar el mercado, el trabajo sucio.
El quiebre
Con más dudas que certezas, esa crisis causó, según Clarín, dos nuevas muertes; y ya nada sería igual. Adelanto de elecciones y más de lo mismo: candidatos repetidos o ignotos desconocidos que no lograban obtener mucho crédito. El candidato oficialista, con la caja bajo el brazo logró apenas un tercer puesto, detrás del voto bronca (en blanco) y del único presidente democrático en terminar dos mandatos de nuestra historia. Ballotage.
No ballotage. El viejo conocido no quería perder de forma abrumadora y prefirió abandonar la contienda. Carlos Néstor Kirchner se convertía así en el nuevo presidente de los argentinos. Un discurso prometedor que no cambio la visión negativa de la población,  política sigue siendo una mala palabra.
Mentiras verdaderas
Pero este sureño no mintió, dijo que no había llegado hasta acá para dejar sus principios en la puerta, y no lo hizo. Con una política económica de tinte keynesiano, dispuso el timón hacia la fuerte inversión pública, a estimular el consumo, las exportaciones y aumentar el empleo. Y esa misma política continuó con Cristina a partir de 2007.
Los números ratifican que la elección fue la correcta: el desempleo bajo hasta estancarse en un dígito, el crecimiento económico apenas se vio afectado por la crisis mundial que comenzó en 2008, sin embargo nunca se detuvo; records de cosechas, de producción de autos, de consumo, de recaudación impositiva, de las reservas del Banco Central, de la baja de la deuda externa.
Saliendo de lo económico las políticas de derechos humanos fueron el mejor reflejo de este gobierno, desde descolgar los cuadros de los genocidas de la ESMA hasta juzgar a los artífices de la mayor tragedia ocurrida en nuestro país. La decisión de no reprimir logró el dialogo con los movimientos piqueteros, llegando a comprender cuáles eran sus reclamos reales y ofreciendo soluciones concretas.
La recomposición salarial aplicada a los jubilados y pensionados, la oportunidad de jubilarse a cerca de dos millones de personas, el restablecimiento de paritarias para los trabajadores, la Asignación Universal por Hijos (AUH), la estatización de los fondos a la ANSES, la protección de la industria nacional por sobre todas las cosas, la continua generación de empleo y muchas medidas más.
¿Qué votamos?
Pero todo esto, TODO esto se debe a saber aplicar medidas político-económicas adecuadas, medidas ya pensadas por alguien, pero llevadas a la realidad por estos políticos. Y en este año, esto es justamente lo que debemos elegir: POLÍTICAS, no políticos. Votemos ideas, votemos propuestas, votemos con nuestra cabeza. Sepamos porque votamos.

* Publicado en 2011 en un blog propio ya dado de baja

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