Entrado ya el siglo XXI, los bancos de inversión estadounidenses comenzaron a colocar su dinero en el mercado inmobiliario, con el cual se lograba un rendimiento considerado. Sin embargo, el destino de los prestamos fue a un sector de alto riesgo crediticio: clases bajas con ingresos fluctuantes. Los créditos subprime, como se llaman este tipo de préstamos, lograron una importante aceptación en la población del país del norte. Pero ahora llegó el momento de negociar esas hipotecas para volver a la liquidez anterior. Armaron unos bonos, llamados Collateralised Debt Obligations (CDO) los cuales recibieron las más altas calificaciones de las agencias especializadas en los análisis de riesgos y fueron negociados alrededor de todo el mundo esparciendo un producto sobrevaluado. Una bomba de tiempo.
Cuando alrededor de 2006 los valores de las propiedades perdieron el valor por el cual fueron hipotecadas y al venderlas, al haber mucha oferta, sólo consiguieron el valor menor posible, perdiendo el dinero de quienes confiaron depositando sus ahorros. De esta forma se generó una cadena de desconfianza entre los mismos bancas quienes prácticamente dejaron de prestarse dentro del mercado interbancario, o bien prestándose a tasas muy altas. En principio la especulación por obtener el mayor rendimiento posible por parte de los bancos, apostando ciegamente por los CDO, sólo dio como resultado una creciente desconfianza y así la falta de liquidez.
Aquí es donde entra en cuestión la intervención estatal: al no tener los bancos la liquidez necesaria para responder por los fondos que depositaron los contribuyentes, al desplomarse las acciones de los bancos de las potencias del norte, los estados liberales se vieron en la obligación de intervenir fuertemente inyectando miles de millones de efectivo (liquidez) en el sistema financiero tomando parte del capital privado, contradiciendo uno de los puntos más fuertes de la teoría de Adam Smith sobre la no intervención estatal, ya que esta solamente puede entorpecer la autorregulación del mercado.
En cierta forma, lo que hizo el estado es intervenir el sector financiero con fondos nuestros (del estado) para mantener el sistema capitalista que cada cierta cantidad de años nos muestra las falencias de la teoría llevada a la práctica. La reaparición del FMI a la primera plana de los diarios recomendando y dirigiendo nuevamente el rumbo económico a seguir no hace más que seguir acentuando el modelo neoliberal que marcó los noventa.

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